Test de cuantificación de Grasos Omega 3 y 6
Los ácidos grasos omega-3 y omega-6 son ácidos grasos poliinsaturados esenciales. Se llaman esenciales porque nuestro cuerpo es incapaz de fabricarlos y debemos consumirlos con nuestra dieta diaria.
El equilibrio entre ambos es el que determina y estabiliza el metabolismo de las grasas en nuestro organismo. La dieta debe tener cantidades equilibradas de ambos tipos de ácidos grasos esenciales. Un mal balance entre ellos favorece los procesos inflamatorios y aumenta los riesgos cardiovasculares.
Nuestro test determina este equilibrio, con lo que nos da una precisa idea de las necesidades o de los abusos que se pueden estar cometiendo y por tanto ayudará a su consejero nutricional a adaptar su dieta diaria.
¿Qué papel hacen los ácidos grasos omega-3?
Los ácidos grasos omega-3 están implicados en toda nuestra vida, desde que somos niños, en la maduración y el crecimiento cerebral y de la retina (por eso la leche materna es rica en estos ácidos grasos), hasta que somos adultos ayudándonos en los procesos inflamatorios, en los problemas de coagulación sanguínea, reduciendo la presión arterial, en nuestros órganos reproductivos, en el metabolismo graso y en los procesos degenerativos del cerebro.
¿Qué papel hacen los ácidos grasos omega-6?
Son también ácidos grasos esenciales y por tanto son necesarios para nuestro organismo, sin embargo, en nuestra dieta actual (con aceites refinados de semillas, comida rápida y preparada) los niveles de estos ácidos ya suelen estar en valores elevados y es ahí, cuando aumentan las cantidades de los ácidos grasos omega-6 con respecto a los omega-3, que su efecto beneficioso se vuelve patogénico, tomando parte en procesos inflamatorios y de arteriosclerosis.
Los ácidos grasos y el colesterol. Salud cardiovascular.
Como sabemos, los accidentes cardiovasculares (infartos, la hipertensión, las trombosis, ictus cerebrales) son uno de los principales males en nuestra sociedad.
El consumo en la alimentación de ácidos grasos omega-3 y los omega-6 en equilibrio y en cantidades adecuadas, mejora el colesterol, reduciendo el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular. Intervienen en la reducción del colesterol transportado en lipoproteínas de baja densidad a las partículas más pequeñas y densas, y de mayor peligro, el “colesterol malo” (LDL), y facilitando el aumento de las lipoproteínas de alta densidad, el “colesterol bueno” (HDL) que limpia las arterias en vez de deteriorarlas. Además ayuda en el funcionamiento normal del endotelio (el tapizado interior de las arterias del organismo) donde de otro modo se producen las lesiones de la arteriosclerosis y reducen los triglicéridos en sangre.
Así pues podríamos decir que cuando están en equilibrio, reducen el colesterol malo y aumentan el bueno.